Despierto de la forma más desagradable posible: con la luz de la mañana directamente en los ojos.
El dolor de cabeza no me deja pensar con claridad y doy por hecho que la fiesta de ayer fue un poco excesiva. Como tantas otras.
Me cuesta un poco enfocar la vista y al hacerlo encuentro una pocilga que parece haber sido mi casa. Vasos vacíos por el suelo, ropa interior ajena, cojines por doquier, patatas fritas y plumas. ¿Plumas? ¿Qué coño hacen plumas por todas partes?
Me levanto con cuidado de no marearme y, casi inconscientemente, busco a la responsable de todo este desastre en mi casa y en mi vida. La encuentro rodeada de plumas (jodidas plumas), dormida en el sofá, con botellas vacías cerca de sus manos.
Debería enfadarme, pero no puedo hacerlo con alguien como ella, tan similar a mí como si de una copia se tratara. Dos huracanes por accidente viviendo bajo el mismo techo, con las mismas tempestades. Lo gracioso es que hasta mis mejores amigos no me entienden como ella, son completamente extraños para mí, como todo el resto de personas.
Voy a la cocina a por una aspirina porque tanto pensar taladra mis ideas. Mientras, de mi cuarto sale una pareja que no he visto en mi vida: una pelirroja y un chaval rubito. Se despiden sin mirarme siquiera y atraviesan la puerta a toda hostia. Pienso, con cierta repulsión, que tendré que cambiar y desinfectar las sábanas. Me tomo la pastilla. Se vuelve a abrir mi habitación y sale un chico de color, de casi dos metros. Se me quedó la cara a cuadros.
_ Hasta la próxima, colega. _dijo cerrando la puerta tras de sí.
No pude articular palabra y, sin evitarlo, mi risa inundó la casa. Mi dulce morada es el lugar donde la gente puede ser ella misma, solo que a la mañana siguiente aseguran que fue todo culpa del alcohol. Y tal vez otras drogas.
Noté removerse las plumas del sofá y de ellas salió una mata de pelo.
_ ¿Qué pasa? _dijo con esa voz ronca y poco sexy que caracteriza las mañanas de resaca.
Le llevo un vaso de agua y otra aspirina.
Charlamos y charlamos, reímos. Tal vez sea ella la droga que me libera. Auténtica, plagio de la mujer de mis sueños de juventud, con la ley de carpe diem por bandera y una sonrisa a pesar de la borrachera. La gente me dice que necesito algo nuevo, algo que me pare los pies porque no tengo frenos.
Puede que tengan razón y que tenga que probar lo nuevo, algo tan nuevo y excitante como ella.
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Can´t stop; Red Hot Chili Peppers.
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