No suelo escribir sobre cosas alegres, pero a veces lo intento.
Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia (o mala leche).

domingo, 12 de octubre de 2014

ANKWARD

Miró a su alrededor. Todo el mundo tenía alguien con quien compartir su vida y ella estaba sola. Sin embargo, nunca se había sentido tan viva. Tenía la responsabilidad de su propia felicidad bajo los hombros y eso la hacía respirar aliviada.
No más complicaciones, no más llantos, nada más. Solo paz e independencia.
Se levantó de la silla y se puso a bailar con sus compañeros al son de su canción preferida. No quería que ningún chico la agarrara por la cintura o le concediese ese baile. Había aprendido una valiosa lección. Si ella no era feliz, ¿cómo iba a hacer feliz a otra persona?

Ya sabía bailar sola.

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