Miró a su alrededor. Todo el mundo
tenía alguien con quien compartir su vida y ella estaba sola. Sin
embargo, nunca se había sentido tan viva. Tenía la responsabilidad
de su propia felicidad bajo los hombros y eso la hacía respirar
aliviada.
No más complicaciones, no más
llantos, nada más. Solo paz e independencia.
Se levantó de la silla y se puso a
bailar con sus compañeros al son de su canción preferida. No quería
que ningún chico la agarrara por la cintura o le concediese ese
baile. Había aprendido una valiosa lección. Si ella no era feliz,
¿cómo iba a hacer feliz a otra persona?
Ya sabía bailar sola.
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