Toc, toc
Abro la puerta.
_¿Quién es?
_ Hola. _era un chico muy guapo, alto,
con ojos cristalinos y cara de niño. A pesar de todo esto, vestía
con harapos, estaba desgarbado y parecía cansado y algo dolorido.
_ Hola, ¿quién eres?
Sin mediar palabra entró en mi casa y
se dirigió al sofá, donde se sentó. Suspiró y se puso cómodo.
Valiente caradura, ¿quién se creía?
_ Váyase de aquí o llamo a la
policía.
Soltó una carcajada (que sonaba
realmente sexy) y me miró desde su mullido asiento.
_ Si estoy aquí es por tu culpa. Y de
todas formas, aunque la policía me echara a patadas de tu casa o
incluso si me pusiera una orden de alejamiento, te acabaría
encontrando. _si no fuera por las tenebrosas palabras que salían de
su boca me habría quedado hipnotizada por su voz.
Me entró un miedo atroz. ¿Quién era
él y que narices hacía en mi casa?
_ ¿Qué quieres?
_ Darte un consejo, ven, siéntate
conmigo. Charlemos.
Sin saber muy bien por qué, obedecí y
me acomodé a su lado sin mirarle. Se hizo el silencio durante un
minuto en el que sentí su mirada atravesándome como una daga.
_ ¿Qué quieres? _repetí.
_ Verás, querida Cata, llevo toda una
vida presentándote personas, aunque tú no lo sepas. Actualmente, te
he estado mostrado gente con un corazón enorme, muy inteligentes y
con un sin fin de pros. Sin embargo, sin saber por qué razón,
siempre sales con los más inútiles. _lo que más me sorprendió de
aquel discurso fue que supiera mi apodo. _Mírate, eres preciosa.
¿Por qué no tienes algo de autoestima y buscas algo mejor?
_ ¿A ti qué te importa que haga con
mi vida? _dije, aunque no sonó intimidante.
_ Créeme me importa. _apoyó su cabeza
en el respaldo del sofá, como si estuviera agotado, y cerró los
ojos. _ Dime Cata, ¿cuánto hace que no sales? Bueno, no me lo
digas, lo intuiré mediante ese chándal desgastado que llevas y que
tienes un poco de ketchup en la mejilla.
Molestada, me palpé la cara hasta
quitarme esa manchita.
_Guapa, ¿te acuerdas de Matías? Que
buen chico, uno de mis mejores trabajos, pero te fuiste con ese otro
pedante que te ha dejado. ¿Cómo se llamaba?
_Ricardo... _dije en un suspiro. Aún
dolía su nombre.
_Qué asco de tío. _dijo
incorporándose. _¿Pero sabes qué es lo bueno? Qué se ha ido. Y no
volverá, ¿sabes por qué? Porque es tan imbécil que ni te valora.
Lo miraba con ojos como platos. ¿Qué
sabía de toda mi historia? ¿Era un acosador?
_ Pero Cata, no me mires así. Yo solo
te estoy ayudando. Estás destrozada por todos los amores fallidos, y
créeme que lo siento. Tal vez me haya pasado contigo, pero al
presentarte a Matías pensé que te quedarías con él.
_ ¿Cómo que me lo has presentado?
_ Cosas mías, princesa, ahora atenta.
Todos buscamos el amor que creemos merecer y aún no entiendo por qué
crees que mereces tan poco. Eres fantástica y el día que te des
cuenta, te comerás el mundo. No necesitas a ningún imbécil que te
diga qué falda ponerte o si estás guapa o no. Tú siempre serás
guapa, Cata. Y la gente que te quiere lo sabe bien. Hoy, dentro de un
par de horas, Matías vendrá a verte y te pedirá una oportunidad.
Es un gran tipo, el mejor que he encontrado para ti y, sin duda, te
tratará bien. No pierdas la fé en mí, ¿vale? A veces soy un poco
capullo, pero lo hago para que cada cual se dé cuenta de que no
necesita depender de nadie para sonreír. Dicho esto, no te hago
perder más tiempo, ponte preciosa y disfruta el momento. ¿Me
acompañas a la puerta?
Medio zombie por tales palabras, lo
llevé a la salida, donde se despidió.
_¡Espera! _le dije y se giró. _¿Cómo te
llamas?
Haciendo una reverencia bastante cómica
dijo:
_ Encantada de conocerte Cata, soy
Cupido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario