No suelo escribir sobre cosas alegres, pero a veces lo intento.
Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia (o mala leche).

domingo, 19 de octubre de 2014

Toc, toc


Abro la puerta.
_¿Quién es?
_ Hola. _era un chico muy guapo, alto, con ojos cristalinos y cara de niño. A pesar de todo esto, vestía con harapos, estaba desgarbado y parecía cansado y algo dolorido.
_ Hola, ¿quién eres?
Sin mediar palabra entró en mi casa y se dirigió al sofá, donde se sentó. Suspiró y se puso cómodo.
Valiente caradura, ¿quién se creía?
_ Váyase de aquí o llamo a la policía.
Soltó una carcajada (que sonaba realmente sexy) y me miró desde su mullido asiento.
_ Si estoy aquí es por tu culpa. Y de todas formas, aunque la policía me echara a patadas de tu casa o incluso si me pusiera una orden de alejamiento, te acabaría encontrando. _si no fuera por las tenebrosas palabras que salían de su boca me habría quedado hipnotizada por su voz.
Me entró un miedo atroz. ¿Quién era él y que narices hacía en mi casa?
_ ¿Qué quieres?
_ Darte un consejo, ven, siéntate conmigo. Charlemos.
Sin saber muy bien por qué, obedecí y me acomodé a su lado sin mirarle. Se hizo el silencio durante un minuto en el que sentí su mirada atravesándome como una daga.
_ ¿Qué quieres? _repetí.
_ Verás, querida Cata, llevo toda una vida presentándote personas, aunque tú no lo sepas. Actualmente, te he estado mostrado gente con un corazón enorme, muy inteligentes y con un sin fin de pros. Sin embargo, sin saber por qué razón, siempre sales con los más inútiles. _lo que más me sorprendió de aquel discurso fue que supiera mi apodo. _Mírate, eres preciosa. ¿Por qué no tienes algo de autoestima y buscas algo mejor?
_ ¿A ti qué te importa que haga con mi vida? _dije, aunque no sonó intimidante.
_ Créeme me importa. _apoyó su cabeza en el respaldo del sofá, como si estuviera agotado, y cerró los ojos. _ Dime Cata, ¿cuánto hace que no sales? Bueno, no me lo digas, lo intuiré mediante ese chándal desgastado que llevas y que tienes un poco de ketchup en la mejilla.
Molestada, me palpé la cara hasta quitarme esa manchita.
_Guapa, ¿te acuerdas de Matías? Que buen chico, uno de mis mejores trabajos, pero te fuiste con ese otro pedante que te ha dejado. ¿Cómo se llamaba?
_Ricardo... _dije en un suspiro. Aún dolía su nombre.
_Qué asco de tío. _dijo incorporándose. _¿Pero sabes qué es lo bueno? Qué se ha ido. Y no volverá, ¿sabes por qué? Porque es tan imbécil que ni te valora.
Lo miraba con ojos como platos. ¿Qué sabía de toda mi historia? ¿Era un acosador?
_ Pero Cata, no me mires así. Yo solo te estoy ayudando. Estás destrozada por todos los amores fallidos, y créeme que lo siento. Tal vez me haya pasado contigo, pero al presentarte a Matías pensé que te quedarías con él.
_ ¿Cómo que me lo has presentado?
_ Cosas mías, princesa, ahora atenta. Todos buscamos el amor que creemos merecer y aún no entiendo por qué crees que mereces tan poco. Eres fantástica y el día que te des cuenta, te comerás el mundo. No necesitas a ningún imbécil que te diga qué falda ponerte o si estás guapa o no. Tú siempre serás guapa, Cata. Y la gente que te quiere lo sabe bien. Hoy, dentro de un par de horas, Matías vendrá a verte y te pedirá una oportunidad. Es un gran tipo, el mejor que he encontrado para ti y, sin duda, te tratará bien. No pierdas la fé en mí, ¿vale? A veces soy un poco capullo, pero lo hago para que cada cual se dé cuenta de que no necesita depender de nadie para sonreír. Dicho esto, no te hago perder más tiempo, ponte preciosa y disfruta el momento. ¿Me acompañas a la puerta?
Medio zombie por tales palabras, lo llevé a la salida, donde se despidió.
_¡Espera! _le dije y se giró. _¿Cómo te llamas?
Haciendo una reverencia bastante cómica dijo:

_ Encantada de conocerte Cata, soy Cupido.

No hay comentarios: