Sé que detesta que huela a humo.
Por eso llevo tres días sin fumar,
aunque me muera de ganas. He preparado cada mínimo detalle para que se
sienta cómoda y lo más importante, feliz. Me he estudiado sus recetas preferidas de memoria, he comprado cerveza y bollería a montones, y he alquilado su serie preferida.
En la estación hace un frío que pela
y solo pienso en cuánto le quedará a su cercanías y si ella
seguirá llevando ese perfume que tanto me gusta.
Los minutos pasan y recuerdo la última
vez que nos vimos en esta parada, hace cinco meses ya. Discutíamos
(quién sabe por qué) y se fue prometiendo no volver.
Hace apenas dos semanas nos volvimos a
ver con un caos de sentimientos detrás en el bar que tanto nos
gustaba. Ninguno sabía que íbamos a tener ese encuentro tan
violento.
¿Cómo iba a saber yo que tenía un
par de días libres en la universidad?
¿Cómo iba a saber ella que esa noche
no trabajaba?
Incluso aunque viviéramos en distintas
ciudades, parece que el destino se puso de acuerdo y, entre el
alcohol, el ambiente y las ganas, me la llevé a casa.
¿Sexo? No, gracias, mejor una
conversación como las de antes, sin sentido, con risas y una
realidad, la de que nos íbamos a dar otra oportunidad.
Por eso estoy aquí, esperando chocarme
con su boca otro día más. Y a pesar de que segundas partes nunca
fueron buenas, ella... Ella ha cambiado todos mis esquemas.
Lo que no ves- Pol 3.14

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