No suelo escribir sobre cosas alegres, pero a veces lo intento.
Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia (o mala leche).

martes, 14 de octubre de 2014

Microcuento cantado

Sé que detesta que huela a humo.
Por eso llevo tres días sin fumar, aunque me muera de ganas. He preparado cada mínimo detalle para que se sienta cómoda y lo más importante, feliz. Me he estudiado sus recetas preferidas de memoria, he comprado cerveza y bollería a montones, y he alquilado su serie preferida.
En la estación hace un frío que pela y solo pienso en cuánto le quedará a su cercanías y si ella seguirá llevando ese perfume que tanto me gusta. 
Los minutos pasan y recuerdo la última vez que nos vimos en esta parada, hace cinco meses ya. Discutíamos (quién sabe por qué) y se fue prometiendo no volver.
Hace apenas dos semanas nos volvimos a ver con un caos de sentimientos detrás en el bar que tanto nos gustaba. Ninguno sabía que íbamos a tener ese encuentro tan violento.
¿Cómo iba a saber yo que tenía un par de días libres en la universidad?
¿Cómo iba a saber ella que esa noche no trabajaba?
Incluso aunque viviéramos en distintas ciudades, parece que el destino se puso de acuerdo y, entre el alcohol, el ambiente y las ganas, me la llevé a casa.
¿Sexo? No, gracias, mejor una conversación como las de antes, sin sentido, con risas y una realidad, la de que nos íbamos a dar otra oportunidad.

Por eso estoy aquí, esperando chocarme con su boca otro día más. Y a pesar de que segundas partes nunca fueron buenas, ella... Ella ha cambiado todos mis esquemas.

Lo que no ves- Pol 3.14

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